Entrevista a Bill Viola

Entrevista. Gerona. 25/06/2009.

Bill Viola (Nueva York, 1951), pionero del género del videoarte en los años setenta, ha sido recientemente galardonado con el Premio Internacional de Cataluña en un acto que tuvo lugar el pasado 30 de junio.

Coincidiendo con la entrega de este premio, Bill Viola acudió a la inauguración de la muestra Noches Oscuras del Alma producida por Bòlit, Centro de Arte Contemporáneo de Girona que exhibe la pieza “Messenger”.

Mística, tecnología y espiritualidad se unen en la obra de Bill Viola mediante una sensibilidad que supera lo profesional.

Felicidades por haber ganado el Premio Internacional Cataluña… ¿Cómo se siente?

Para mí es uno de los premios más importantes del mundo, el aspecto más especial que tiene es que no es tan solo un premio de arte, mi campo, sino que igual que los otros que lo han ganado es una especie de premio humanitario por una vida de trabajo, que se ha otorgado a gente de todo el mundo: científicos, biólogos, matemáticos, escritores… se presentan todas las disciplinas, y para mí esto es muy especial.

En el caso de Messenger (1996) fue creada expresamente para la catedral de Durham. Cuando crea sus obras ¿lo hace pensando en el lugar donde se expondrán -Museos, galerías, espacios religiosos…? ¿Cómo es el proceso? ¿Quiere acaso traspasar el potencial religioso a los museos?

No, no quiero transferir el potencial de la religión a los museos, porque los museos ya tienen este potencial. Algunas de las obras de arte más importantes de la historia de la religión se encuentran en los museos y no en las iglesias. Para mí ésta no es la cuestión, sino que lo que quiero es llegar en donde está la gente: en casa mirando la televisión, en un Internet-café, con el teléfono móvil, en el cine…

En todas partes donde haya imágenes es donde quiero que esté mi obra. Creo que la mayoría de artistas estarían de acuerdo. Lo que queremos es llegar a la gente, no importa con qué tecnología o con qué medio: lo que cuenta es el mensaje, la idea.

El agua es un elemento constante en su obra.

El significado del agua para mí es muy profundo, y de hecho infinito. Todos venimos del agua, la vida a la Tierra empieza con las bacterias, los peces, los ballenas, el hombre… toda la vida que vemos viene del agua. El agua es el elemento con mayor presencia en todos los elementos del mundo, tiene muchas propiedades materiales, y es la primera composición del cuerpo.

Cuando creamos vida, se protege dentro del vientre de las mujeres y vive en el agua. Es una sustancia esencial, fundamental y profundamente espiritual. Da la vida, pero igual que el resto de elementos también se lo puede llevar, como pasa cuando hay inundaciones. Es terriblemente fuerte. Cuando yo tenía seis años y estaba de vacaciones con la familia me gustaba sumergirme. Cuando estaba bajo el agua y veía ese mundo increíble, me di cuenta de que todo lo que vemos no es una experiencia completa, la mayoría de cosas son invisibles al ojo.

Todo eso conecta el agua con el ser humano de una manera muy profunda. La obra The messenger que se puede ver en la iglesia de Sant Nicolau trata de la continuidad del ciclo de la vida, desde el nacimiento hasta una especie de forma de existencia, un proceso de condensación y un nacimiento en el aire.

Al mismo tiempo ocurre una vuelta hacia las profundidades. La clave de la pieza es darse cuenta de que hay un ciclo que se repite continuamente. Nunca te detienes a pensar a la vida que “moriré, me desintegraré, pero los hijos seguirán adelante igual que mis padres me concibieron de la nada y yo lo continuaré”. Si no ves este ciclo eterno acabarás deprimiéndote y entristeciéndote.

Estoy pensando en la pieza Heaven and Earth, donde contrapone la muerta de su madre y el nacimiento de su hijo. ¿Qué importancia tienen la muerte y el nacimiento en sus creaciones?

Cuando mi madre murió, en 1991, y cuando nació nuestro primer hijo, en 1988, tres años antes, por primera vez vi el ámbito entero de la vida humana, desde el nacimiento hasta la muerte. Los dos procesos son, de hecho, muy similares. Los dos comprenden un tráfico de un mundo en el siguiente.

El nacimiento de mi hijo fue un recorrido del mundo invisible en el mundo material, mientras que la muerte de mi madre fue una transición del mundo material, del mundo terrenal, en el mundo espiritual. Nacimiento y muerte son etapas de un viaje que hacemos todos y que es eterno. En aquel momento vi entera la vasta reserva del ser humano, desde los que todavía tienen que nacer hasta los que viven y los que ya han muerto.

En Chott-El-Djerid (1979), expresaba que el ser humano no estaba preparado para lo que le rodeaba. ¿Cree que es esto uno de los problemas del ser humano, esa falta de relación con la naturaleza?

Estoy interesado en el lugar donde está situada la humanidad en el cosmos. Los humanos nos hemos vuelto arrogantes, insensibles e ignorantes sobre el lugar que ocupamos en medio del cosmos. Tradicionalmente, a lo largo de la historia del hombre, la religión era el ámbito donde se enseñaba a entender la existencia del hombre en un contexto mucho más amplio que lo estrictamente humano.

Ahora, en el siglo XXI, hemos olvidado nuestro lugar en el cosmos y ocupamos una posición de arrogancia y superioridad hacia la naturaleza. Creemos que somos una forma de vida más importante, más importante que toda la que nos rodea, y eso es un peligro.

Por lo tanto, creo que tenemos que aprender otra vez la humildad y dejar de darnos importancia a nosotros mismos, y encontrar nuestro lugar en el cosmos. Cada forma de vida, cada dimensión tiene que tener su sitio en esta estructura que es el universo. El hombre ha perdido la noción de su lugar y por eso tenemos que entender de nuevo de dónde venimos, quiénes somos y dónde vamos.

Uno de sus trabajos más recientes, Passions (2002),  está basado en pinturas de la edad media y del renacimiento. ¿Qué es lo que le inspiró más de estas épocas?

Cuando empecé a trabajar en las pasiones y en las pinturas de la baja edad media, cuando intenté averiguar cómo crear imágenes a partir del vídeo y la tecnología electrónica, en un primer momento me dirigí hacia la emoción humana, que es universal.

Como artista sé, y estoy convencido, cuando veo fotografías de las pinturas de las cuevas, de hace treinta o cuarenta mil años; cuando me explican que se encontró una tumba en el Irán, con un hombre y una mujer juntos, de hace cien mil años, con todos los objetos familiares alrededor, dispuestos bien juntos, y cubiertos con 20 centímetros de flores … ¡Hace cien mil años! Cuando aprendo todo eso aprendo sobre las emociones humanas. ¡Cuando enterraban a esta gente bajo tierra se lloraba, y eran hombres de las cavernas!

Cuando murieron mis padres -mi padre murió el año 1999 y mi madre en 1991- sentí una pérdida pero también una continuidad de la vida, junto con el nacimiento y la muerte. Las pinturas medievales empezaron a conectarme con mi propia vida. Mis padres habían muerto, y era por estas cosas que la gente iba a las iglesias. También lloraban ante la imagen de Jesús o de Maria, de la misma manera que los budistas iban al templo a rogar a Buda y seguro de que también lloraban.

Las lágrimas son la expresión humana universal de la emoción, desde un bebé hasta un abuelo, desde el pasados hasta hoy. Quería tratar estas emociones y demostrar la evolución conjunta de la humanidad a lo largo de la historia.

La exposición del Bòlit, Noches oscuras del alma, habla sobre el misticismo y el deseo de trascender. En una ocasión hizo referencia al Rio del Olvido de la mitología griega. Cree que el video es un modo de atravesar el río y mantener el conocimiento, a pesar de que hoy en día parece que asistimos a una pérdida de significado  de las imágenes, ¿quizás por la saturación de ellas?

No lo creo. Eso quizás es por culpa de las imágenes publicitarias, las imágenes de las empresas, las imágenes políticas que nos envían los gobiernos. Nos llegan ideas cada día a través de los medios, porque vivimos en este mundo de imágenes que están a nuestro alrededor constantemente. No creo que eso implique que las imágenes se hayan gastado.

Creo que la gente está cansada de ver imágenes, que se vuelven borrosas a la mente. El problema no es de las imágenes en sí mismas, de su potencial. La razón por la cual la gente está cansada de ver imágenes es que las que le llegan están vacías, no tienen corazón ni centro. Son imágenes agresivas, que te quieren tomar el dinero, quieren tus ideas, quieren decirte qué tienes que creer, te quieren hacer comprar cosas… es muy agotador.

Cuándo las imágenes que nos llegan contienen un alma, un espíritu, algo útil, un conocimiento real y no sólo información, cuando contienen una especie de misterio interior… entonces sí que interesan a la gente.

Beatriz G. Moreno

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