Aplicación Legal Desplazada #1 Reserva Fraccionaria

Cómo podemos expropiar

Sobre el artista y el intelectual como un elemento orgánico, una figura no sólo involucrada en las luchas o las causas, sino también en la producción de éstas.

Cómo expropiar dinero a las entidades bancarias fue el título del encuentro pedagógico que tuvo lugar en La Universitat Lliure La Rimaia (Barcelona) el pasado mes de octubre. El encuentro, de título más que sugerente si nos atenemos a los tiempos que corren, incluía la intervención de los expropiadores de bancos Lucio Urtubia y Enric Duran con el economista representante de Qmunty.

No, no me he equivocado de medio, y aunque pueda llevar a confusión, esto es un artículo de arte. Esta sesión formativa formaba parte del último trabajo de Núria Güell; Aplicación Legal Desplazada #1, Reserva fraccionaria, definida por la artista como “un plan maestro que se propone aplicar al banco la misma ley que regula su actividad generadora de dinero (el uso de la reserva fraccionaria), además de visibilizar este funcionamiento, que conscientemente se mantiene oculto a la población”.

Los trabajos de Núria Güell acostumbran a hacer visible los abusos permitidos por la legalidad establecida, mostrando sus estrategias para generar nuevas alternativas que faciliten a los públicos conseguir una autonomía cultural y política. Estas actuaciones suponen una redefinición del papel del artista, el cual está más cerca de la mediación que de la expresión autorreferencial de su universo más íntimo.

A través de este trabajo podemos ejemplificar algunas de las ideas expuestas en el artículo Representation, Contestation and Power: The Artists as a Public Intellectual, de Simon Sheikh. Por un lado, Sheikh toma la definición que Gramsci hizo del artista o del intelectual como un elemento orgánico; es decir, una figura no sólo involucrada en las luchas o las causas, sino también en la producción de éstas. Por otro lado, e incidiendo en esta posición orgánica del artista, es más que significativa la proliferación y articulación de plataformas o espacios relacionados con el arte, pero en los que el trabajo “artístico” no queda reducido  a un campo de autoexpresión.

Estas propuestas parten de la base que cualquier pensamiento verdaderamente crítico debe comenzar por una crítica de los fundamentos económicos y sociales que lo sustentan. La Copenhagen Free Unversity, b_books, en Berlín; 16 Beaver Group, en Nova York, o la University of Openeness, en Londres son algunos de los ejemplos más destacados.

Esta actitud, que según Gramsci podríamos denominar orgánica, es la que Hans Haacke adoptó en muchos de sus trabajos. Por citar un ejemplo, en la obra Shapolsky et al. Manhattan Real Estate Holdings, A Real Time Social System, as of May 1, 1971, encargada por los responsables del Solomon R. Guggenheim Museum, Haacke denunciaba el sistema de depauperación planificada de los barrios urbanos; un sistema propio de la especulación inmobiliaria y señalaba las oscuras transacciones inmobiliarias de Harry Shapolsky y sus nexos con los negocios personales de los miembros del consejo de administración del museo.

Una acción, geográfica y temporalmente más cercana, fue el proyecto Sin Estado en la Cañada Real Galiana, en el que trabajaron Santiago Cirugeda, Democracia y Todo Por la Praxis. Una de las acciones llevadas a cabo en estos terrenos, altamente atractivos para planes de desarrollo urbanístico y mayor gloria de la administración y alcaldes de turno, consistía en una intervención a través de la La Oficina de Asesoramiento (OA). Concebida como centro cívico de participación de ideas, propuestas y proyectos, La Oficina de Asesoramiento ofrecía respuesta a los habitantes de la Cañada sobre temas urbanísticos y los procesos legales de la administración.

En estas acciones el “artista” adopta un papel activo, generando alternativas de conocimiento y denunciando los intereses de la legalidad establecida. El proyecto Aplicación Legal Desplazada #1, Reserva fraccionaria es un buen ejemplo de este viraje artístico que procura al público la información y el conocimiento sobre una situación específica que nos afecta social y culturalmente. Así pues, estas prácticas contemporáneas aportan, sin mirarse el ombligo de la autorreferencialidad del arte convencional, recursos y propuestas orgánicas en tiempos de lobotomía cultural.

Beatriz G. Moreno

  • Artículo publicado a la revista bonart nº136 (Febrero, 2011)

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