Museos de cartón

¿Cómo se define un museo? ¿Cómo se marcan las líneas de actuación? ¿Qué tipo de programación se decide y cómo se definen los públicos? Estas son algunas de las preguntas sobre las que se estructuró el seminario organizado por A*Desk el pasado mes de marzo del 2011 y que tuvo como protagonista a Daniel Castillejo, director de Artium.

El seminario en línea proporcionó una visión cercana de la gestión y el funcionamiento de un museo. Desde el año 2008, Castillejo dirige Artium, centro-museo de arte de Vitoria-Gasteiz, el cual se ha convertido en un centro de referencia que ha sabido desarrollar y adaptar los discursos contemporáneos al contexto local.

Artium es uno de los centros que ha atendido el contexto local en que se sitúa y que ha entendido que el museo de arte contemporáneo tiene que ser algo más que un mausoleo; es decir, un centro de investigación y educación que además de proporcionar conocimiento promueva nuevas experiencias creativas.

En esta tarea se hacía esencial repensar el papel de este centro-museo dedicado en su origen, en el año 2002, en el arte contemporáneo basado en una colección que desde la segunda mitad de los años setenta agrupaba artistas españoles del siglo XX.

Así pues, la propuesta de Daniel Castillejo fue una apuesta no sólo por coleccionar, producir, investigar y difundir el patrimonio contemporáneo, sino, fundamentalmente, por el desarrollo de una conciencia crítica. Esta idea era una de les misiones que el centro tenía que afrontar y uno de los aspectos en el que ha sido pionero.

En los ochenta, con los primeros pasos firmes de la democracia y el gobierno socialista en España, se puso en marcha un proceso de reactivación de la cultura, lastrada por los años de dictadura franquista. La necesidad de abrirse al exterior y de ofrecer una imagen moderna de la cultura española motivó toda una serie de actuaciones que tuvieron el mundo de la cultura, y especialmente el arte, como principal foco de interés.

Una iniciativa que fue aplaudida por todos los sectores de sociales, económicos y políticos dando origen a la proliferación de centros y museos de nueva factura por toda la geografía nacional.

Estos museos de nueva creación, como por ejemplo el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (1896-1992); el CASM, Centro de Arte Santa Mónica en Barcelona (1988); l’IVAM, Institut Valencià d’Art Modern, en Valencia (1989), o el CAAM, Centro Atlántico de Arte Moderno, en las Palmas de Gran Canaria (1989), entre muchos otros, formaban parte de una estrategia política cultural que tenia el museo como centro de referencia internacional respecto a Europa y que marcaba el progreso entre las comunidades autónomas del Estado.

La creación de centros de exhibición y organizar exposiciones era la manera de avalar a los artistas españoles que pudieran interesar al resto del mundo. Paradójicamente, la llegada de la democracia no produjo un análisis de períodos anteriores. “En el caso español, las nuevas directrices artísticas del PSOE se espejean, curiosamente, sobre la base de buena parte del trabajo realizado por el régimen franquista durante los años 50 y 60: identificación de las jóvenes promesas, una política de promoción internacional y el apoyo, más virtual que directo a la creación, de una red artística comercial, además de la sanción oficial de determinados estilos artísticos que se correspondían con los intereses políticos de cada momento.”

Actualmente, la crisis y los recortes presupuestarios, soportan las consecuencias de un modelo de difusión y promoción cultural de cartón, que en muchas ocasiones ha apostado más por la exhibición que por generar y crear herramientas para estimular el pensamiento, la creación, la capacidad crítica y el conocimiento.

El resultado de más de veinte años de inversión cultural, posiblemente como nunca más volveremos a tener, no deja de ser un tanto decepcionante por diversas razones. En primer lugar, porque se ha ahogado cualquier propuesta independiente a las políticas institucionales, y se ha instrumentalizado la cultura como un elemento más al servicio de la estrategia política y el desarrollo económico.

En segundo lugar, se ha desatendido el ámbito educativo. No se ha logrado estimular una respuesta positiva de los públicos hacia el arte contemporáneo y sus diversas manifestaciones, las cuales son vistas como excentricidades demasiado caras para los tiempos que corren.

Y en este panorama de incertidumbre vemos como hoy, museos y centros de arte sufren recortes presupuestarios (en el mejor de los casos, en otros el decreto de cierre se produce de la noche al día) cuando recién comienzan a trabajar con una programación estable de actividades atendiendo al contexto y la especificidad local, trabajando  a partir de la reflexión y desde esta conciencia crítica que señalaba Castillejo.

No nos debería de extrañar la situación de indeterminación y volubilidad en la que nos encontramos si tenemos en cuenta las fundamentos sobre los que se asienta nuestra política cultural, planificada más desde la promoción e imagen de modernidad que desde el interés por formar individuos críticos.

Beatriz G. Moreno

  • A*desk
  • Artículo publicado en la revista bonart

Cardboard Gallery.

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