Isaki Lacuesta: Borrando fronteras

Isaki Lacuesta ignora a conciencia las fronteras y se introduce en las incertezas de un camino sin retorno. Dinamita cualquier imagen que quiera significarse como verdad. Un cine que reconquista la libertad para  sumergirse en las incertezas de un camino sin retorno

La búsqueda por las fisuras de lo visible y lo invisible, el enfrentamiento entre la realidad y la puesta en escena, entre el documental y su tensa representación de la verdad fueron caminos desarrollados por Joaquím Jordà en un cinema que, desde la lucidez y la libertad más crítica, sacudieron los fundamentos del cine nacional en la segunda mitad del siglo pasado. Jordà, maestro ejemplar, transmitió a sus alumnos este sentimiento de libertad que implica el cine. Entre estos alumnos se encontraba Isaki Lacuesta.

La revista Cahiers du Cinema le calificó como “modelo de cineasta del siglo XXI” por su habilidad para trabajar en todos los campos fronterizos del cine. “El cinema de Isaki es un cine en movimiento”, escribe Àngel Quintana, y continúa: “En su obra hay un deseo de probar formas, de generar nuevas escrituras, de romper moldes y de convertir la obra fílmica en un artefacto complejo”.

Mientras que el cine comercial ha otorgado a lo visible la categoría de elemento fundamental para la construcción de la realidad, el cine de Isaki toma las imágenes sólo como indicios de una historia por descubrir y las desnuda de toda significación de verdad. Lo visible es tan sólo una muestra generadora de narrativas alternativas que discurren en unas travesías sin un destino marcado.

El universo Lacuestra ignora a conciencia las fronteras. Lo visible y lo invisible, lo real y lo mítico, el espectro y la huella, el recuerdo y el vestigio, la suplantación y el simulacro… todos estos elementos se confunden en el relato para derribar las fronteras del cine. Los trabajos de Isaki, junto con Isa Campo, nos han propuesto unos viajes a través del azar, los rastros y los fragmentos dejados por sus personajes, los cuales transitan como fantasmas entre el mito y la realidad.

En su primer largometraje, Cravan vs. Cravan (2002), Isaki siguió el rastro del escurridizo poeta vanguardista y boxeador Arthur Cravan, de quien se perdió el rastro en el golfo de México. En la Leyenda del tiempo (2006), Lacuesta desdibujaba los límites entre el documental y la ficción, y en el 2009, con Los Condenados, Lacuesta volvía a explorar los secretos que rodean la desaparición de un compañero, esta vez incidiendo en cómo los recuerdos y las narraciones construyen la historia de los hechos según nuestras intereses.

La tendencia por personajes míticos que reniegan de la leyenda y su conexión con el mundo real también está en la película Los pasos dobles, recientemente galardonada en el Festival de San Sebastián. Una vez más, a partir de la figura de François Augiéras (1925-1971) un personaje espectral, pintor y escritor francés, se va tejiendo un relato en el que lo real y lo mítico, el original y la copia, as certezas y las dudas se persiguen constantemente.

Isaki Lacuesta dinamita cualquier imagen que quiera significarse como verdad. El cine de Isaki es el de la búsqueda y el movimiento incansable. Una persecución protagonizada por el deseo de registrar, visualizar y captar la fugacidad de lo visible. Un cine que reconquista la libertad para sumergirse en las incertezas de un camino sin retorno. Es éste el buen cine que nos hace crecer.

 Beatriz G. Moreno

  • Artículo publicado en la revista bonart nº 148 (Febrero del 2011).

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