Paisajes en construcción

El paisaje no es un elemento autónomo y ajeno al sujeto que lo mira; ambos son coautores y creadores de paisaje. El paisaje se configura como el espacio en que un hombre describe a otros hombres. 

En 1786, Goethe realizó su Viaje a Italia. Con este viaje Goethe quería descubrir con sus propios ojos aquello que otros habían dicho y escrito sobre el mundo clásico, “todo lo que se considera bello, grandioso y venerable”. Goethe buscaba, de esta manera, confrontar el paisaje que él había construido en su imaginación, a partir de las lecturas hechas, con la visión real al contemplar el territorio, el país.

La construcción del paisaje, sin mucha visibilidad en Occidente hasta el siglo XVI, toma impulso en el siglo XVIII y queda constituida, a través de un proceso cultural y social, a partir de la estética de lo sublime. El paisaje es, por tanto, una elaboración cultural y estética de un territorio, lugar o paraje que implica la construcción de una mirada impregnada en los modelos culturales y literarios que den validez a la cosa contemplada.

La mirada de Goethe era, sin duda, sublime. Una mirada producto de un sentimiento mítico en un momento en que el natural físico perdía su poder ante los cambios de paradigma impuestos por la revolución industrial. Su percepción del medio y del entorno implicaba una atención estética del paisaje, considerado como un elemento muy representativo del sentimiento sublime.

El paisaje tendrá su esplendor durante todo el romanticismo y el impresionismo. Cézanne utilizó el paisaje para hacer visible cómo éste nos afecta el mundo. Cézanne representará el orden espontáneo de las cosas percibidas basándose en la geometría. En el caso de los cubistas, los cuales mostraron una atención casi residual en la tradición paisajística, su interés real fue hacia la preocupación por el estilo y los nuevos sistemas de representación espacial e interpretación de la realidad.

Sin embargo es bien interesante constatar que Picasso, cuando decidió crear un nuevo tipo de pintura, recurrió al paisaje. Picasso, junto con Braque, fueron quizás quienes más interés mostraron hacia el paisaje, al aplicar la geometría sobre las imágenes del territorio. Por su parte, Fernand Léger reaccionó ante el decorativismo del paisaje impresionista con la fuerza de la máquina como representación del progreso.

Casi olvidado desde las vanguardias, la constitución del paisaje actual está en un punto de inflexión, de transición. Regis Debray formula la idea de que “quizás contemplamos lo visual de hoy con los ojos del arte de ayer”, y señala la necesidad de un cambio de estereotipos ante el paisaje. Las representaciones del paisaje actual, en muchos casos, responden a parámetros de la naturaleza que no se corresponden con la evolución de nuestro paisaje cultural.

Los paisajes actuales están desprovistos de la mirada mítica de Goethe y las referencias al imaginario habitual. La pérdida de paisajes idílicos con la globalización ha dejado paso a la creación de unos no-lugares, producto de la mezcla de identidades de la sociedad contemporánea que reconstruyen y reinventan continuamente el territorio donde están, y reformulan el imaginario paisajístico .

El paisaje contemporáneo, según la tesis de Agustín Berque, se consolida como un elemento en tránsito: “Percibir el entorno, en tanto que realidad, es un efecto de este tráfico, es decir, el resultado concreto de la historia común de una sociedad y de su medio ambiente “. El paisaje no es, por tanto, un elemento autónomo y ajeno al sujeto que lo mira; ambos son coautores y creadores de paisaje. Nuestra mirada, entendida como construcción cultural, ha cambiado y, consecuentemente, la manera de interpretar el paisaje. Los paisajes de Goethe no son nuestros, a pesar de la búsqueda de lugares que nos recuerden los temas del pasado, como seguramente los lugares que Goethe visitó no eran los que en el mundo clásico se describieron.

Paisajes, entornos o parajes creados a partir de la explicación a otro es la manera a través de la cual transformamos el paisaje, demostrando la fuerza de la comunidad en su formación. Este hecho señala como los procesos físicos se encuentran estrechamente ligados a los significados culturales a la hora de definir y determinar las características de un paisaje.

Durante la década de los 60, artistas como Michael Heizer, Nancy Holt, Richard Long, Dennis Oppenheim o Hamish Fulton desarrollaron toda una serie de intervenciones escultóricas que abarcaban espacios urbanos, naturales e industriales bajo el nombre de Land Art.

Muchas de estas intervenciones no pretendían mayor reflexión que la de emplazar el objeto artístico en un entorno natural y virgen, alejado de aquellos lugares que tradicionalmente contenían el arte: galerías y instituciones artísticas. Por otro lado, y por aquello de mantener la coherencia de la propuesta, las instalaciones eran construidas con elementos –tierra, piedras, madera…– provenientes del espacio físico donde se situaban. Sin embargo, el contacto con el entorno natural, al que querían honrar o reivindicar, era poco más que anecdótico, básico y exclusivamente físico.

De entre este grupo de artistas resulta interesante la figura de Hamish Fulton (Londres, 1964). Conocido por el nombre de The Walking Artist, trabajó con los términos narrativos del viaje a través de diversos parajes. Fulton desarrolla su trabajo sobre la experiencia personal de caminar, acto que fundamenta todas sus creaciones.

A través de fotografías, instalaciones, textos y ediciones de libros, Fulton se esfuerza en transmitir la experiencia de sus viajes y caminatas por diferentes lugares del planeta. En este caminar y en la intención por explicar y describir su experiencia, Fulton estaba creando un paisaje.

Las prácticas artísticas contemporáneas han multiplicado las perspectivas cuando de abordar el paisaje se trata. Lejos de entenderse como una escena inmóvil o una vista congelada de la naturaleza, el paisaje es contenedor de los procesos físicos y de los significados culturales de la comunidad que lo habita, lo construye y lo transforma en su día a día.

El paisaje es el resultado de los movimientos sociales y de los hechos históricos vividos por la sociedad, los cuales quedan marcados en él como una huella en la naturaleza. El ser humano es constructor de espacios y paisajes desde la acción y desde la descripción. Así, y como considera el etnólogo y filósofo francés Marc Augué, el paisaje se configura como el espacio en que un hombre describe a otros hombres. Percepción, mirada, juicio y descripción intervienen en este proceso de ceación del paisaje.

Diversas propuestas artísticas han encontrado en la exploración del paisaje una manera de acercarse, más allá del espacio meramente físico, al medio social y cultural de nuestro tiempo. La simple representación de aquello que convencionalmente entendíamos como paisaje ha dado paso a un interés creciente por otorgar más importancia a las actitudes de los sujetos en relación a estos lugares o parajes.

Así pues, el paisaje o su representación se comprende también como expresión de las relaciones sociales y económicas desarrolladas por una comunidad. De la misma manera, determinadas prácticas artísticas que toman el entorno social como campo de trabajo, consiguen trazar un paisaje mucho más real que las representaciones tradicionales del espacio físico: marinas, campos bucólicos, sublimes tempestades…

Uno de estos ejemplos le encontramos en el proyecto Cuando la fe mueve montañas de Francis Alÿs (Amberes, 1959), para la Biennal de Lima del 2002. Este trabajo evidencia cómo el espacio físico es modelado y transformado por la fuerza social. Cuando la fe mueve montañas contó con 500 voluntarios con palas que tuvieron que mover tan sólo unos centímetros una duna de Lima de casi 480 metros de altura. Alÿs aborda en sus proyectos la manera como se vive el espacio y como se le circunscribe para usos públicos y privados.

Curiosamente, y de manera similar a las caminatas cortas de Fulton, Francis Alÿs realizó Siete caminatas por la ciudad de Londres (2004-2005). Estas caminatas, trabajadas por Alÿs como medio operativo, son una aproximación del sujeto al espacio. En esta acción, Alÿs se convierte en un transeúnte que recorre el paisaje urbano plagado de referencias a la literatura, la historia, los iconos y las alegorías arquitectónicas.

El sujeto define, construye, interpreta y representa su entorno y su espacio. En este marco podríamos también interpretar el proyecto Recuerdos de Avinyó, que en estos momentos Nicolás Dumit Estévez realiza en colaboración con Idensitat y Cal Gras. Este proyecto tiene su origen en Pleased to Meet You,  trabajo realizado en la población de Calaf cinco años atrás.

En Recuerdos de Avinyó antiguos y nuevos residentes de Avinyó participan en una serie de intercambios efímeros. El pasado 26 de julio del 2011 se realizó una caminata des del centro de la población hacia la Torre de los Soldados. A partir de las conversaciones generadas durante el itinerario se reconstruyeron aspectos del paisaje físico y social de la localidad. Durante el intercambio de visiones y reflexiones sobre el tópico de la madurez, en relación a la memoria y la identidad, se fue tejiendo un paisaje de recuerdos y vivencias enraizadas en este territorio.

Estas intervenciones suponen la creación de nuevas formas para abordar las geografías territoriales y paisajísticas. La búsqueda de estas nuevas cartografías es trabajada también por el colectivo Sitesize. Fundado en el año 2002 por Elvira Pujol y Joan Vila-Puig, Sitesize desarrolla trabajos específicos de creación y mediación cultural en el área metropolitana de Barcelona.

Sitesize  plantea una reflexión sobre la construcción cultural del paisaje i como, desde las prácticas culturales de producción autónoma, se pueden desarrollar nuevas miradas hacia el paisaje contemporáneo. Proyectos como Paisajismo_Ahora (2006); Narraciones metropolitanas_Aula permanente (2009) o SIT Manresa (Servicio de Interpretación Territorial) (2005-2006) analizan, desde la participación ciudadana y la construcción colectiva, las transformaciones del territorio.

Recientemente, Sitesize ha presentado ¡Cataluña termina aquí! ¡Aquí empieza Múrcia! en la Virreina Centro de la Imagen de Barcelona. El título de la muestra hace referencia al cartel colocado en el barrio de la Torrassa-Colblanc, en el límite con Barcelona, en la época de la República. Este cartel ponía de manifiesto el sentimiento de exclusión y la existencia de una sociedad. El recorrido de la muestra destaca los lugares donde el pueblo encontró su manera de actuar, de pensar y de hacer de la cultura un medio liberador. Espacios en los que el aprendizaje colectivo demostró su fuerza y sus contradicciones, traspasando la ciudad de Barcelona y su periferia.

Pero la cosa no se queda aquí. En los últimos tiempos, los sistemas cartográficos desarrollados por Google adquieren poco a poco una mayor presencia en la configuración actual de nuestro espacio, de aquello que interpretamos como paisaje. En este punto, cabe preguntarse cómo es posible construir una representación del mundo en función de las restricciones territoriales que excluyen o alteran datos e imágenes por cuestiones ideológicas. Trabajos como Lugares que nunca existieron (Google Earth 1.0), de Isaki Lacuesta, o el recién Premio Inéditos 2011, Alredeor es imposible, comisariada por Lorenzo Sandoval (Madrid, 1980) remarcan esta paradoja, planteando las potencialidades y disfuncionalidades del uso de esta nueva herramienta tecnológica en la construcción del paisaje actual.

La exploración de los paisajes y espacios sobrepasa el trabajo físico y material de los artistas de los años 60 y se abre a la significación geográfica de la cultura y la sociedad.

Los paisajes son ahora emocionales e híbridos de identidades, generados al ritmo de la sociedad actual. La mirada del pasado no puede ser reproducida, al igual que no pueden reproducir la plenitud o la grandeza de los paisajes indómitos y no domesticados de Friedrich o Turner, ya que éstos sólo nos proporcionan las imágenes de los paisajes que fueron.

En este momento  el paisaje se reinventa a cada paso dando visibilidad a todo aquello que no coincide con las nociones de paisaje tradicional. Toda mirada ante un paisaje es una acción de interpretación que lo transforma. El paisaje se convierte en el centro del dualismo de una mirada híbrida entre el medio y el sujeto que mira. La mirada no sólo es el ojo que ve el paisaje como algo estático e inmutable sino que el paisaje se nos revela a través del crecimiento urbanístico, la colonización del territorio, espacios intersticiales y arquitecturas efímeras.

Beatriz G. Moreno

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