Como lágrimas en la lluvia

Apuntaba Walter Benjamin que la eternidad de la obra comporta la confrontación con aquellas creaciones afines que pertenecen a nuestra época. Es decir, copiar, ampliar actualizar, conectar, difundir significa asegurar la continuidad del pensamiento, la posibilidad de reescribir y reinterpretar el que entre todos pensamos.

Verano de 1945. Unos días después de la finalización de la II Guerra Mundial, las autoridades del nuevo gobierno holandés arrestan a Hans van Meegeren por colaboracionista nazi. Los cargos imputados eran los de haber vendido obras maestras del arte holandés al enemigo nazi, más concretamente La adúltera al número dos del partido, Hermann Göring.

Lo que comenzó siendo un juicio por razones políticas se convirtió en uno de los casos más sonados de falsificación. Van Meegeren confesó que las piezas vendidas eran falsificaciones y que los siete óleos, que habían estado en circulación desde 1937, atribuidos a Vermeer y De Hooghs, y exhibidos en el Museu Boymans –La última cena y el Cristo de Emaus entre ellos–, habían sido realizados por él mismo.

Durante el proceso judicial Van Meegeren propuso pintar un Vermeer nuevo para demostrar su inocencia. De esta manera, y pese a que algunos críticos holandeses de la época se resistían a la evidencia, quedaba probado que Van Meegeren no había colaborado con los nazis; en parte sí, pero más bien les había estafado, ya que no había vendido ninguna obra  del patrimonio holandés. Una historia fascinante.

El plagio y el original confundidos, y un tribual confundido dispuesto a ejecutar aquello que se había dado por supuesto: que los cuadros vendidos eran obras maestras de la pintura holandesa. Falsificaciones y copias son, sin duda, las grandes armas que dejan las vergüenzas del sistema al descubierto y evidencian su dificultad para seguir el ritmo marcado por la sociedad.

El pasado mes de enero, Amador Fernández Savater explicaba en su artículo La cena del miedo (mi reunión con la ministra González Sinde) como de esta reunión se extrajeron las siguientes aportaciones por parte de los comensales: “Copiar es robar” y “Eso es, que al menos la gente tenga miedo”. Ante esta escena el replicante Roy de Blade Runner solo le quedaría replicar: “Es toda una experiencia vivir con miedo, no? Eso es  lo que significa ser esclavo”.

La copia, la réplica, la falsificación inquietan; pero aún inquieta más que los procesos de producción, distribución y difusión dejen de estar monopolizados y controlados por un segmento de la sociedad. Es en esta situación cuando los replicantes, los reproductores y los copiadores se han vuelto autónomos, que se han convertido en agentes incómodos y más bien peligrosos.

Apuntaba Walter Benjamin que la eternidad de la obra, y por extensión el mantenimiento y la transmisión cultura, comporta la confrontación con aquellas creaciones afines que pertenecen a nuestra época. Es decir, copiar, ampliar actualizar, conectar, difundir significa asegurar la continuidad del pensamiento, la posibilidad de reescribir y reinterpretar el que entre todos pensamos.

Si Pierra Menard, personaje del relato de Borges Pierre Menard, autor del Quijote, se hubiera propuesto hoy reescribir letra por letra la obra de Cervantes, el intento hubiera sido tildado de ilegal y su versión, sin ser nunca un copia  exacta, estaría prohibida, cancelada, perdida para siempre “como lágrimas en la lluvia”.

 Beatriz G. Moreno

  • Artículo publicado a la revista bonart nº 137  (marzo del 2011)

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