Andrew Bush / Galería 3 Punts

Andrew Bush, consciente del objeto estético como elemento activo en la valoración social y cultural, trabaja sobre proyectos que tensionan la representación entre lo público y lo privado para mostrar un retrato construido a partir de las contradicciones emergentes. El coche se convierte en un testimonio cotidiano que, como señala Ballard, quedará como metáfora total de la vida del hombre en la sociedad contemporánea. 

El automóvil es la metáfora de nuestro tiempo. La velocidad, el movimiento y los avances tecnológicos habían fascinado los futuristas a principios del siglo XX. Marinetti acertó cuando señaló que “el esplendor del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva: la belleza de la velocidad. Un coche de carreras con su capó adornado con grandes tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo … un automóvil que ruge y que parece que corre sobre la metralla es más bello que la Victoria de Samotracia”. El coche se convirtió, en los primeros años del siglo XX, en el objeto estético por excelencia. Pasó de ser un elemento más de la producción industrial a convertirse en la mejor representación de una sociedad marcada por la velocidad y el consumo.

La fotografía, el cine y la literatura crearon toda una iconografía en torno al automóvil, un hecho que originó múltiples mitologías asociadas que el público trató de adoptar como estilos de vida. Tanto en la vertiente más esteticista como en la más destructiva, el impacto que el coche adquirió en la cultura, imponiendo unas formas y unos hábitos sociales, quedarán para siempre en nuestra memoria visual. Rebelde sin causa, de Nicholas Ray; Kustom Kar Kommandos, de Kenneth Anger; la adaptación cinematográfica de Cronenberg de la novela Crash, de Ballard, y otras novelas como On the Road, de Kerouac, componen todo un imaginario colectivo y un amplio catálogo de opciones de vida del mundo contemporáneo.

De esta manera, el automóvil tiene la particularidad de convertirse en un objeto de propiedad, privado e íntimo, que a su vez es un símbolo de la imagen que queremos proyectar en el ámbito público. Es la proyección estética del hombre moderno y de lo que quiere representar: movimiento, velocidad, diseño y libertad.

Andrew Bush, consciente del objeto estético como elemento activo en la valoración social y cultural, trabaja sobre proyectos que tensionan la representación entre lo público y lo privado para conseguir mostrar un retrato construido a partir de las contradicciones emergentes. El objeto es visto como la tarjeta de presentación. Son estos elementos externos y anecdóticos los que retratan toda una época: las tarjetas de visita en Portraits Business Cards (1998), los compradores de objetos en Prop Portraits (2000) y los sobres de Envelopes (1994-1995). Estos trabajos documentan la forma como vivimos en el mundo actual y cuestionan conceptos como la invisibilidad y la visibilidad.

En la serie Vector Portraits, de la que se presentan más de cuarenta piezas en la galería 3 Punts, Andrew Bush fotografía decenas de conductores por la ciudad de Los Ángeles, y otras ciudades del sur de EEUU y compone todo un archivo visual de carácter antropológico y social. El espacio del automóvil se convierte en un receptáculo desde donde mostrarse, cuando es consciente de que se está siendo observado, o bien un ámbito privado donde quitarse la máscara. De esta tensión entre la proyección exterior a través del coche y la intimidad generada en lo considera un ámbito privado, Andrew Bush realiza una serie de retratos que ponen en suspenso las grietas entre lo público y lo privado.

En una sociedad en la que la velocidad y la rapidez son la premisa de toda actividad económica y social, el coche se convierte en un testimonio cotidiano que, como señala Ballard, quedará como metáfora total de la vida del hombre en la sociedad contemporánea. La máquina como extensión del hombre, la prótesis que suple las carencias.

Beatriz G. Moreno

  • Galería 3 Punts. Aribau, 75. Barcelona. “Vector Portraits” de Andrew Bush. Del 3 de marzo al 30 de abril del 2010.
  • Publicado originariamente en la revista bonart, núm. (Abril 2010)

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